Reflexiones rápidas en cuarentena lenta

La naturaleza como sistema se autoregula, lo que quiere decir que encuentra la manera de lograr el balance, ya que su estado original es ese, nunca falta ni sobra nada… Hasta que la peor plaga del planeta llegó: los humanos.

Antes de que alguien se ofenda, de acuerdo a la RAE, plaga significa: 

  • Aparición masiva y repentina de seres vivos de la misma especie que causan graves daños a poblaciones animales o vegetales.
  • Calamidad grande que aflige a un pueblo.
  • Abundancia de algo nocivo, y, por ext., de lo que no lo es.

¿No es así como nuestra especie se está comportando?

* * * * *

Estamos en semáforo epidemiológico rojo -otra vez- y lo que nos produce es un sentimiento de enojo,  frustración e impotencia, porque nos hicimos esto como especie y representa una injusticia más del sistema en el que vivimos y, al parecer, a buena parte de la humanidad le da igual.

Creemos que todos (o bueno, casi todos) queremos volver a la vida que teníamos antes de la pandemia, mejor dicho, volver a tener libertad. Quién no quiere irse a echar una chelita con los amigos, darle un abrazo a un ser querido, salir a caminar al parque o simplemente respirar aire fresco sin un cubrebocas de intermediario. 

Aunque, claro, el covid19 nunca detuvo a los indiferentes, pero a nosotros si, y no necesariamente por que creamos que el virus va acabar con nuestra vida (por nuestra edad y salud física, las probabilidades son muy bajas). El miedo más grande que tenemos es perder a las personas mayores que siempre han estado a nuestro lado, amándonos y apoyándonos en esta JUNGLA (sí, así con mayúsculas) que es la vida. Pero más allá de este miedo, lo hacemos porque es lo correcto, es lo ético, es nuestra responsabilidad moral; ya que, desafortunadamente la gente que no puede aislarse porque su trabajo no puede realizarse desde casa, es la que tiene mayor exposición al virus y termina pagando las consecuencias (ganan los de siempre, pierden los de siempre).

Para nosotros, el sentimiento de coraje y desesperación proviene de vivir en nuestra ciudad natal, que es paradisiaca (sí, somos muy afortunados), en confinamiento voluntario por casi año y medio, y ser testigos -en esta época de múltiples crisis- del individualismo en su máximo esplendor, el egoísmo, la indiferencia, la ideología de algunos de creer tener derecho a merecer -en este caso la libertad de ir y venir, hacer y deshacer sin obligaciones ni consecuencias ni empatía por los demás-

Creer que  merecemos todo porque pensamos que nos hemos “sacrificado” mucho, llevando a la gente a retomar sus vidas “normales”, relajar las medidas sanitarias que debemos seguir teniendo (pero que prácticamente nunca fueron obligatorias, por lo menos no en Mazatlán) y la indiferencia del gobierno mexicano es abismal, haciendo menos de lo mínimo. Ah, las puñetas mentales… Gracias a estos engaños colectivos la obvia tercera ola de contagios llegó desde hace varias semanas… y las que faltan. 

evento masivo de ciclismo en Mazatlán – Mayo 2021

De hecho, estas mismas actitudes y acciones egocéntricas aplican a prácticamente todas las crisis, especialmente la climática, que ya la tenemos encima y afecta los sistemas naturales que sustentan la vida en la Tierra (casi nada, solo la subsistencia de todos).

Tan es así, que el nuevo informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ) publicado el 9 de agosto del 2021, indica que “los científicos están observando cambios en el clima de la Tierra en todas las regiones y en el sistema climático en su conjunto. Muchos de los cambios observados en el clima no tienen precedentes en miles, sino en cientos de miles de años, y algunos de los cambios que ya se están produciendo, como el aumento continuo del nivel del mar, no se podrán revertir hasta dentro de varios siglos o milenios.”… y todo debido a la actividad humana.

Disculparás nuestra perspectiva fatalista de la condición humana –es temporal-, pero en este último año hemos visto (oído y sentido) más de lo que nos hubiera gustado.

* * * * *

El covid19, así como otras enfermedades en las que el virus pasa a los humanos, son producto de la destrucción del balance de las especies y ecosistemas, por nuestra intrusión en ellos. Esto no es novedad, pero la humanidad sigue cruzando umbrales que nunca antes había cruzado y ahora este virus del que no sabemos mucho, también será parte de nuestra vida. En la actualidad, parte de la problemática radica en que somos muchos seres humanos, vivimos en un mundo extremadamente globalizado y con sistemas insostenibles,  tan es así, que con esta crisis sanitaria está siendo cada vez más evidente. 

En la primera ola de contagios, cuando prácticamente todo el mundo entró en cuarentena, y las actividades económicas disminuyeron, se observó también una disminución de contaminación ambiental, un aumento de animales retomando su hábitat, cielos más claros, un planeta temporalmente sano y retomando su equilibrio. Eso sí, los mercados financieros tambaleaban, pero es porque hemos creado un sistema económico insostenible, antinatural (al parecer, el proceso de regeneración de la naturaleza es inversamente proporcional al crecimiento de la economía) y bastante frágil, igual que nuestra supervivencia como especie.

La naturaleza cada día nos está indicando, a su manera, el camino para que reaprendamos a vivir con respeto, en armonía con el entorno, y dejemos vivir en paz a las otras especies.

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Toda esta situación pandémica y el contexto de tragedia, contagios, muertes e incertidumbre que prevalece, nos ha llevado a pensar que casi todos estamos preocupados y afectados de una u otra manera. Y que esta afectación para algunos es física y/o económica, pero para la mayoría es psicológica y está cobrando factura a muchas personas.  De hecho, de acuerdo al Reporte Mundial de la Felicidad 2020 -realizado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sustentable de la ONU- México perdió 23 lugares en el ranking a causa del covid19.

Hace unas semanas, al sector de la población de 30 a 39 años, que se supone “no corre tanto peligro” al llegarse a contagiar del covid19, llegó su tiempo de vacunación, y ¿qué crees? ¡no fueron!, los centros de vacunación no tuvieron el aforo esperado. Creemos que, en parte, es por un pensamiento colectivo de indiferencia, que el virus les hace los mandados. Hay otros factores comunes que también influyen en la decisión de aplicarse o no la vacuna, como la falta de información, creencias religiosas, cuestiones éticas, el derecho de decidir sobre tu propio cuerpo, desconfianza hacia los laboratorios farmacéuticos y gobiernos, entre otros tantos más.

Y con toda razón y derecho se vale tener dudas respecto a la vacuna (de hecho, por favor, siempre cuestiónate TODO). Al respecto, le dimos demasiadas vueltas al asunto, analizamos (y sobre-analizamos) las diferentes opciones -aunque siendo realistas, era una decisión binaria- porque esta resolución implicaba:

  • no solo nuestra integridad física y nuestra salud, sino la de los demás, incluyendo a nuestra familia de la tercera edad; 
  • la ética animal¿se hicieron pruebas en animales antes de hacerlas en humanos? Para los humanos es participación voluntaria, para los animales no lo es; 
  • desconfianza, ya que hay tantas interrogantes respecto al virus, su origen y comportamiento, y por ende, en todo el proceso que conlleva el desarrollo de la vacuna hasta su aplicación (ya ves en nuestro querido México todas las irregularidades que ha habido);
  • el desarrollo sostenible, ya que al continuar la pandemia como tal, sigue habiendo un fuerte impacto social, económico y medio ambiental, contribuyendo así al crecimiento de la desigualdad social y a la contaminación del planeta. Por ejemplo, debido al covid19, en México: 
  • hasta abril 2021, es el país con más menores de edad huérfanos, de acuerdo a un estudio realizado por una revista medica británica, estimando que 131,325 niños perdieron por lo menos a uno de sus cuidadores principales;
  • empeoró la situación de pobreza durante el año pasado, acorde al CONEVAL, con un aumento de 3.8 millones de personas en esta situación;
  • el 90% de los hogares tuvo una reducción considerable de sus ingresos, según datos del INEGI;
  • en 2020, la SEP confirmó que 2.5 millones de alumnos dejaron de estudiar; y

Demasiados factores, variables, dudas, pensamientos, sentimientos, pros y contras, agregando más ansiedad y angustia a la ecuación. Al fin de cuenta, tomamos la decisión con la mente alineada al corazón, priorizando el bien común.

El hecho es que el virus existe, y a pesar de todos los pesares, la vacuna “exprés” es lo único que existe ahorita para protegernos masivamente del virus, así que, quienes no se están vacunando, se están convirtiendo en un obstáculo para alcanzar la –que parece tan lejana – inmunidad colectiva, por lo que tenemos que seguir a la expectativa hasta que la tercera ola pase, y de ahí, a ver qué viene, ya que, por lo menos en México, no se han establecido estrategias eficaces para controlar la pandemia (aunque los gobernantes “digan” lo contrario, ya que no es lo mismo el decir, que el hacer).

el malecón de Mazatlán – Julio 2021

* * * * *

Después de todo, por lo menos la pandemia está forzando a muchos a despertar; a entender que se necesitan urgentemente cambios individuales, colectivos y sistémicos para que la vida siga existiendo como la conocemos; a desconectar del exterior para conectar con nuestro interior, entendiendo que todos somos uno y cada uno somos el todo.

Todas nuestras pequeñas y grandes acciones tienen consecuencias, lo que estamos haciendo con nuestra propia especie y con todos los demás seres vivos (maltrato, explotación, indiferencia, violencia, egoísmo,  discriminación, etc.), es lo que genera todas las crisis, por lo que también está en nuestras manos revertirlas… y dejar de ser la peor plaga de este planeta tan maravilloso. De hecho, en el informe del IPCC también se expone que “las acciones humanas todavía pueden determinar el curso futuro del clima.” 

¿Qué podemos hacer? comenzar a neutralizar nuestro impacto, hacerlo positivo, eligiendo en cada momento actuar con compasión y conciencia, que cada decisión que tomemos tenga como prioridad el bienestar de todos y el planeta. 

Todavía hay esperanza ♡.

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