El señor y el perro del camellón

Esta es una historia que nos tocó vivir en Arteaga, Coahuila (en el 2012) y que nunca olvidaremos. Los hechos ocurrieron así:
 
Iba rumbo a mi casa cuando vi en el camellón a un señor con un balde y un perro. Cuando pasé cerca, escuché  el llanto de un cachorro. En ese momento mi mente empezó a carburar y me pregunté: ¿Qué hace un señor  en medio del camellón, en una situación «sospechosa», con un balde conteniendo un cachorro y un perro que se cruza la calle a ladrarle a los carros?Piensa, piensa… Di la vuelta en U, detuve el carro, puse las intermitentes y tuve la siguiente conversación con el señor:
 
Yo: –Disculpe, ¿es un cachorro lo que lleva en la cubeta?
Señor: -Sí.
Yo: –¿Qué piensa hacer con él?
Señor: –Matarlo o abandonarlo.
Yo: -¿Por qué piensa hacer eso?
Señor: -Mis vecinos son muy enfadosos y especiales y no quieren que ladren perros.
Yo: –Entreguéme al cachorro, por favor, yo me lo llevaré para que pueda ser adoptado por una buena familia.
Señor: ¡Sí! ¿No se quiere llevar también a la mamá? Es que tengo que llevármela caminando muy lejos, para dejarla donde ya no sepa regresar a la casa.
 
No sé si por la tristeza de imaginarme el futuro de situación de abandono de la perrita o de oír al cachorro llorando por un poquito de sombra; o por frustración, desesperación o tristeza al ser testigo de tantas injusticias; o por compasión pura; o tal vez por todo el conjunto de sentimientos, que llorando a mares le dije al señor: “A pesar que estos perros son su responsabilidad, la perrita no tiene la culpa de nada, por lo que también me la llevo”.
 
El señor, quien tendría entre 50 y 60 años, y cojeaba de la pierna izquierda, todavía en su inconsciencia, pero con gratitud me dice: “Tenga, mire, es todo lo que traigo, aquí le doy $10 pesos de perdida para una coca”. En ese instante fue cuando me di cuenta que el señor no lo hacía por maldad, sino por ignorancia, inconsciencia y desesperación.
 
Con lágrimas en los ojos le dije: “No me de nada, señor, solo prométame por lo que más quiera, que JAMÁS en su vida abandonará a un animal”.

El final de la historia es que rescatamos a los perritos, les dimos de comer, los apapachamos y el Dr. Arnoldo Padrón nos apoyó en esta ocasión recibiéndolos en albergue temporal hasta que se dieran en adopción. ¡Muchas gracias, Dr. Padrón, por su apoyo de siempre

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